Bienestar Emocional

Me gustaría transmitirles un cuento que he leído hace unos días, y que relata el objetivo del bienestar emocional. Espero que les guste! 🙂

María era una chica occidental, que tras una crisis existencial, decide ir a un Monasterio, a llenarse de las enseñanzas de un Gran Maestro Zen.

El principal motivo por el que iba, era que se sentía vacía. No le gustaba su vida ni se gustaba a sí misma.

Así fue, como empezó su viaje. Después de caminar varias horas, se encontró con el Monasterio donde viviría por un largo período. Allí, en lo alto de una colina, el lugar transmitía paz y la serenidad que tanto necesitaba.

María, desbordante de felicidad, conoció al Maestro, quien le explicó cómo sería el inicio de la siguiente jornada. El Maestro alzó su mirada y le dijo: – “Te espero mañana a las seis de la mañana, para iniciar la primera lección”.

Así que extenuada de la caminata, llegó a su pequeña habitación y se quedó rápidamente dormida. Al día siguiente, estaba allí a las seis de la mañana, como le dijo el Maestro. Para sorpresa de María, le designó varias tareas domésticas, que nada tenían que ver con la meditación o el yoga. Sin embargo, creyó que era un inicio perfecto.

A media tarde el Maestro la llamó, y María le comentó cómo había realizado las tareas, reafirmando ambos que estaba todo correcto.

Sin embargo, el Maestro se levantó, y le dio un fuerte golpe en la espalda. María no entendía nada de lo que estaba sucediendo. No tenía ninguna relación con la respuesta del Maestro, y con la corrección de sus actos.

Al día siguiente, después de terminar sus tareas domésticas, el Maestro la llamó para que le diera feedback al final de su jornada. María comentó que logró hacer lo que le había encomendado, y en ese preciso momento, el Maestro le dio un fuerte golpe en la espalda. No entendía lo que sucedía, pero volvió a su habitación a descansar.

Al día siguiente, y durante cuatro meses, se repetía la misma escena.

Hasta que en el primer día del quinto mes, cuando María le comentaba cómo había sido su jornada, el Maestro se acercó y alzó su vara.

Pero María, sin pensarlo, levantó su brazo para evitar que la vara golpeara su espalda.

El Maestro volvió a su asiento, y le dijo:

-“María, por fin, has completado tu formación”.

– ¿Cómo? – Contestó sorprendida

Has aprendido lo único indispensable para vivir con coraje, serenidad, flexibilidad y humildad.

Has aprendido a parar el sufrimiento.

Ve y vive con dignidad lo que te depares a ti misma.

María, entendió en ese momento, que los golpes del Maestro, eran los golpes de la vida; y que sólo su entereza y decisión la harán capaz de ser responsable de sí misma.

 

 

 

 

 

Comments are closed.