Las diferencias como base de la igualdad

Hace muchos años, cuando era estudiante, y trabajaba durante los veranos, el Responsable de área, me dijo con un tono seguro y justiciero: – “Para mi, en este Departamento son todos iguales”.

Entonces esa frase quedó bailando en mi cabeza, intentando encontrarle un sentido… Que a día de hoy, no le he podido encontrar.

También la había escuchado en mi infancia y adolescencia. Lo decían de forma frecuente padres y profesores de mi Escuela. Y yo, por dentro, sufría. Porque sabía que no era igual a mis compañeros…. Posiblemente ellos sentían lo mismo que yo.

Creo que fomentar la simetría desde la infancia, no nos ayuda a que desarrollemos nuestra esencia y creatividad.

Entiendo que somos iguales en derechos, y a la misma vez entiendo que la verdadera igualdad supone el reconocimiento de las diferencias.

Conozco el caso de un amigo, que ha estado toda su adolescencia intentando disfrazar su diferencia, para no llamar la atención ni salirse de la norma.

Mi amigo Tomás, nunca fue aplicado en el colegio. Estudiar le aburría muchísimo, la conversaciones triviales con compañeros también. Claramente él no era como la media de estudiantes de su edad. Sus intereses, rapidez de pensamientos y perspectiva ideológica, lo hacían único.

Incluso una profesora, citó a sus padres, y les comentó que posiblemente tendría dificultades en el aprendizaje, dado los insuficientes de su libreta de calificaciones.

Veinticinco años más tarde, comprendió lo que le ocurría. Su CI superior a 150 correspondía a una superdotación intelectual alta, representando a un 0,11% de la población.

Es fundamental que aprendamos a valorar y respetar a las personas que no están en la media del grupo, que fomentemos la diversidad y libertad.

Y por favor, no sigamos repitiendo que todos somos iguales… Las diferencias nos enriquecen, y el ser tratados de forma individual es la mejor manera de desarrollar nuestros talentos, y brillar con luz propia.

 

 

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