Mindfulness o Atención Plena

La conciencia que surge de prestar atención, de forma intencional a la experiencia tal y como es en el momento presente, sin juzgarla, sin evaluarla y sin reaccionar a ella.

 

El Mindfulness no es un descubrimiento moderno, aunque vivamos ahora su redescubrimiento en el marco de la cultura occidental. Mindfulness existe desde el momento mismo en el que los primeros cerebros humanos comenzaron a transformar el planeta. Sabemos que, hace unos 2500 años, se alcanzó una cima en esta práctica, concretamente en la figura de Siddharta gautama (el Buda Shakyamuni), que fue el iniciador de una tradición religiosa y filosófica ampliamente extendida por todo el mundo (el budismo), y cuya piedra angular es, precisamente, la práctica de mindfulness.

La práctica de meditación más utilizada hoy en día en Occidente es la meditación vipassana (insight meditation). La técnica más utilizada, sobre todo al principio, consiste en centrar la atención sobre la respiración, siguiendo el ritmo inspiración-espiración en cada movimiento respiratorio. Cuando la mente se aparta de su objeto, el sujeto vuelve suavemente a dirigir la atención hacia la respiración.

Por lo tanto, la práctica del mindfulness supone dirigir la atención al momento presente que estamos viviendo, con una actitud de compasión, interés, apertura y amabilidad, independientemente de si la experiencia resulta agradable o no.  En realidad, mindfulness es, en sí mismo, algo muy simple y familiar, algo que todos nosotros hemos experimentado en numerosas ocasiones de nuestra vida cotidiana. Cuando somos concientes de lo que estamos haciendo, pensando o sintiendo, estamos practicando mindfulness. Lo que sucede es que habitualmente nuestra mente se encuentra vagando sin orientación alguna, saltando de unas imágenes a otras, de unos a otros pensamientos. El primer efecto de la práctica de mindfulness es el desarrollo de la capacidad de concentración de la mente. El aumento de la concentración trae consigo la serenidad. Y el cultivo de la serenidad nos conduce a un aumento de la comprensión de la realidad tanto interna como externa.

Aunque mindfulness no es un fenómeno exclusivamente cognitivo, sí se caracteriza por un fuerte componente de ese carácter. El cultivo de mindfulness tiene que ver con la calidad de la conciencia con la que vivimos nuestras vidas. Podemos vivir con “piloto automático” o podemos vivir con mindfulness. La diferencia está en la forma en la que estamos presentes en nuestra experiencia. En el primer caso, estamos  nada más que de cuerpo presentes, mientras que la mente está quién sabe dónde. En el segundo caso, en cambio, estamos presentes en nuestra experiencia con todos nuestros sentidos.

Basándonos en los fundamentos de la práctica de mindfulness, existen siete factores relacionados con la actitud que constituyen los principales soportes de la práctica del mindfulness. Cada uno de ellos influye y se basa en el grado en que seamos capaces de cultivar los otros:

 

No juzgar

Es importante limitarse a observar el ir y venir de los pensamientos y juicios, no hay que actuar sobre ellos, ni bloquearse ni aferrarse, simplemente se observan y se dejan ir.

Paciencia

Aceptar que las cosas suceden a su debido tiempo, y  permitirnos ese tiempo. La práctica de la paciencia nos recuerda que no tenemos que llenar de actividades e ideas nuestros momentos para que se enriquezcan. Tener paciencia consiste sencillamente en estar totalmente abierto a cada momento, aceptándolo como tal.

Mente de principiante

Es la actitud mental de estar dispuesto a ver las cosas como si fuera la primera vez y mantenerse abierto a nuevas potencialidades.

Confianza

El desarrollo de una confianza básica en uno mismo y en sus sentimientos constituye parte integrante del entrenamiento en mindfulness. Se recomienda confiar en la intuición y en la propia autoridad.

No esforzarse

Por paradójico que parezca, meditar es el no hacer, por eso cualquier esfuerzo por conseguir que la meditación tenga una finalidad no es más que un pensamiento más que está entorpeciendo la atención plena.

La aceptación

La aceptación significa ver las cosas como son en el presente. Es mostrarse receptivo y abierto a lo que siente, piense y vea, y aceptarlo porque está ahí y en ese momento.

Ceder/Dejar ir

Ceder significa no apegarse, es dejar de lado la tendencia a elevar determinados aspectos de la experiencia y a rechazar otros. Lo único que se debe hacer es dejar la experiencia tal y como es.

 

En contraposición al estado de conciencia plena, está el Mindlessness; cuando nos encontramos ensimismados en pensamientos y opiniones en ausencia de atención consciente y de una forma que resulta no adaptativa. Algunas características al estado de Mindless son:

–        Precipitarse en la realización de actividades sin prestar atención

–        No darnos cuenta de las sensaciones sutiles de malestar o tensión física

–        Descubrirnos rumiando en el pasado o preocupándonos del futuro en piloto automático

–        Ingerir alimentos sin conciencia de estar comiendo

–        Romper o sufrir accidentes como consecuencia de descuidos, inatención o estar pensando en otra cosa

–        No escuchar con atención

Por tanto, te propongo descubrir los beneficios del Mindfulness, aplicando tres elementos claves en tu vida cotidiana:

Conciencia: Estar conscientemente despiertos; cultivando la capacidad de parar, observar y retornar.

Experiencia Presente: Traer la atención al momento presente, al “aquí y ahora”. Por lo tanto, entrenar tu capacidad de atención para enfocarla en el momento presente.

Aceptación: Recibir nuestras experiencias sin prejuicios, sino con una actitud de curiosidad y amabilidad. La plena conciencia del momento presente depende enormemente de la aceptación incondicional de nuestra experiencia.

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